Estar salvado

 

Hace unos meses participé del Día del Marketing que todos los años organiza la Asociación Argentina de Marketing. En el marco de las charlas, hubo una de ellas, dada por el Dr. Ricardo Aranovich (psiquiatra de profesión). En un tono ameno, ágil y muy divertido, el Dr. Aranovich compartió algunos conceptos que me llamaron mucha la atención y me despertaron esta nota y su título. Les comparto mis apuntes, tal vez no son textuales, sino mi “percepción” de lo que escuché.

En la charla, el Dr compartía la visión de que desde siempre el ser humano buscó la salvación. Es decir, tener como referencia algo que le proporcione certeza en su vida, un ideal compartido y lo libere de la angustia de una vida finita pero desafiante. En este transcurrir, los humanos fueron creando creencias (valga la redundancia!) para poder “sobrevivir”. En el pasado, la religión en los albores de la civilización (desde el imperio romano en adelante), y en el Renacimiento, la ciencia, fueron ejemplos de creencias que sirvieron como ejes de una posible salvación humana e individual. A este devenir le podemos sumar también las instituciones, la vida en sociedad y hasta la familia como lugares de contención y espacios de salvación.

La realidad de hoy es un poco diferente, porque todos estas “defensas” se han ido perdiendo o no bastan para calmar la ansiedad. Estamos en crisis, y no tenemos la calma de las defensas, y nos estresamos. En contrapartida, lo que ha crecido como pilar ante tanta inseguridad, es el dinero.

¿Quién no escuchó o se escuchó decir la palabra “está salvado”? ¿Cuándo la decimos? Cuando nos encontramos ante el ejemplo de alguien cercano o remoto que tiene suficiente dinero para no tener preocupaciones económicas por el resto de su vida. Aquí nos encontramos ante el nuevo único refugio de salvación: el dinero, acumulado en algún lado.

El camino de la salvación a través del dinero nos lleva a pensar cómo obtenerlo y lograrlo. Ahora, el pensamiento es un camino, pero es también un medio contraproducente, porque el pensar constantemente en esto no resuelve de inmediato los temas, y en el medio nos tortura, nos hace dar vueltas y vueltas sobre el tema, generando estres.

En definitiva, la búsqueda de la salvación a través del dinero parece ser el único camino, pero es  un camino no para todos, un camino que nos exige demasiado en su recorrido, nos estresa y exprime. Tampoco nos define una medida, porque : ¿cuánto dinero es esa salvación? ¿Por qué lo que hoy es suficiente, tal vez mañana no lo es? ¿Y si nos quedamos cortos y no alcanza? Sobreviene de nuevo la ansiedad.

¿Existe otra forma de “salvarnos”? El Dr. Aranovich nos compartió una receta simple pero difícil. Tan simple y obvia, que lastima: conectarnos con nosotros mismos, pero no del lado del pensamiento, sino del lado de la vocación. Buscar hacer y desarrollarnos en lo que nos gusta y nos satisface en el interior. Buscar una tarea, una causa, un proyecto de vida que nos defina, que nos llene y que nos salve.

¿Interesante, no? A mí me sorprendió gratamente. Fue un acierto para el evento el haber incorporado esta charla, y compartirnos una situación tan actual

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Diego Regueiro

Director Ejecutivo
www.marketingyestrategia.com


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