

Es una sensación, todo el mundo habla de ella y la verdad que vale la pena. Me estoy refiriendo a la serie Adolescensia.
Me gustaría destacar la última escena de la película, donde el padre muy triste se acerca al cuarto que era del hijo que hoy está en la cárcel (y seguramente para siempre) y le dice entre lágrimas a un pequeño peluche que encuentra en su cama (simulando que le habla a su hijo): “Debería haberlo hecho mejor”
Inmediatamente me surge la analogía con el mundo de los negocios y las empresas. Sobre todo con aquellas situaciones donde se cometen errores (horrores), groseros que terminan saliendo muy caro o ponen en peligro a la propia supervivencia de los negocios. Como en la serie…”¿Qué se podría haber hecho?“
Hace poco me enteré de un tremendo fracaso de un emprendimiento. Voló por el aire, dando pérdidas, dejando un tendal. De ese emprendimiento me tocó en su momento hacer un análisis (inicial), y salí corriendo: estaba a la vista su destino futuro (negativo). Levanté la mano para comentarlo, para prevenirlo. No hubo audiencia para mi opinión, no eran bienvenidas las prevenciones o reparos. Era un go a ciegas. Así terminó.
Me pasa más que seguido que como asesor (externo), hay muchas cosas que están a simple vista, no escondidas o enmarañadas, pero que igual no se quieren ver. Las señales, los símbolos, las evidencias, los datos, están ahí. No hace falta un detective (o un asesor) para darse cuenta. Es solo tener vocación de buscar, de encontrar y de comprender. Pero sobre todo aceptar. Pero eso no ocurre.
Ojo, que sino lo hacemos … puede ser tarde. Como en la serie.